sábado, 15 de agosto de 2020

José María Pérez de Ayala, Pepe

Quizá debía estar rondando los dieciséis años de edad aquel día en que, inesperadamente, un jeep frenó junto a mí y un señor de figura elegante y piel tostada, que apuntaba canas incipientes, me invitó a abandonar mi deambular bajo el Sol y subir junto a él. Solía hacer autostop para ir de un lado a otro y, relajadamente, desoía las voces que me alertaban de los peligros de montar en el coche de un desconocido. No sabía cuánto me iba a marcar subir en ese coche para lo que parecía un corto trayecto. Yo era un apasionado muchacho que hacía de la fotografía y de la observación de las aves la excusa para construir mi mundo. Y aquel día caminaba sudoroso, cargado de cámaras y telescopios, por el arcén, dirigiéndome hacia el Sur desde la aldea de El Rocío. Por entonces aquella carretera tenía todo un desfile de enormes eucaliptos que la acompañaban sombreándola. Pero llegando al tramo de la Soriana, los árboles desaparecían y el inclemente Sol andaluz se hacía sentir con fuerza. Así que acepté de buena gana el ofrecimiento de aquel señor y, sin saberlo entonces, al subir a su coche, comencé un viaje que duraría 35 años. Germinaba, aún incipiente, una amistad. Él se llamaba, hasta ayer mismo, José María Pérez de Ayala. Y, sí, era mi amigo.

En ese viaje incesante en el que él se cubrió de canas y yo perdí el pelo, recorrimos juntos muchas otras carreteras que atravesaron todos los paisajes imaginables. Pero sobre todo viajamos fuera del asfalto, a través de los horizontes más salvajes. La arena, la piedra, el agua y el aire fueron el sustento de muchas de nuestras aventuras. Namibia, Mauritania, Marruecos,… pero sobre todo, y siempre, Doñana. Y en Doñana explorábamos con tanto afán y detalle cada rincón como cuando lo hacíamos en las geografías completas de esos países enormes que descubrimos juntos. A veces nuestra piel se tostó bajo el Sol del corazón del desierto del Sáhara o se salpicó del mar en que nadaban los delfines del Banc d'Arguin, otras veces compartimos el temor de la presencia de leones en la noche africana o el sonido del canto del muecín en la madrugada magrebí. Pero lo que de verdad nos marcó, no como una cicatriz, sino como una piel completa, fue Doñana, el mítico espacio salvaje andaluz en el que ambos nos sentimos libres, exploradores en un rincón que, por un momento, había quedado detenido en la historia y se movía fuera de los mandatos del devenir del mundo.

Y de esas exploraciones se derivaron muchos descubrimientos enormes, que las más de las veces se han reseñado con otras autorías. José María, Pepe, era un descubridor nato e incansable. Sus ojos fueron los primeros en ver varios yacimientos prehistóricos, intrincados nidos de rapaces e incluso algunos cadáveres de hombres antiguos que iban apareciendo tras el paso de las dunas de Doñana. Dentro de sus bolsillos abundaban pequeños tesoros que hacían brillar los ojos de los arqueólogos, de los biólogos, de los antropólogos y de los historiadores.

José María, Pepe, siempre fue un inclasificable. Porque según, cómo y cuándo, podía ser guía de Doñana, fotógrafo, pescador, cazador, gestor, jinete o aventurero. O todo a la vez en distinto orden. Y es por eso que vivió hasta el último día con una libertad que muchas veces levantaba las escamas de los más ortodoxos. Pero, a pesar de ello, o de espaldas a ellos, ante sus encantos quedaron prendados paulatinamente todos los Presidentes de España, desde Felipe González hasta nuestros días, independientemente del color ideológico que vistiera a cada uno. Con varios de ellos -insisto, de ambas tendencias-, fraguó una amistad más allá de los límites de Doñana y del tiempo común. Pero también quedaron fascinados los jefes de estado de muchos otros países, ministros, secretarios y, sobre todo, y en igual grado de importancia, los miles de personas anónimas para la historia que tuvieron la suerte de poder conocer Doñana bajo su especial visión. Porque antes de Pepe no era Doñana. Era otra Doñana, que él fue transformando en la visión de los que hasta ella llegaban. Tiempo atrás, en los años 1960, José Antonio Valverde, había entendido que Doñana era una pasión, más que un espacio físico. Y con ese espíritu consiguió que todos creyéramos, como en un acto de fe, que aquel lugar era una escisión del Paraíso. Y de la mano de Pepe, muchos miles de personas entendieron que, en realidad, aquel era, por completo, el Paraíso.

Durante los veinte años que habité la casa de Martinazo, en la Vera de Doñana, se convirtió en habitual que en el silencio de la madrugada (el inexplicable y maravilloso silencio sonoro de las noches del Coto) apareciera Pepe a recogerme para embarcarnos en una nueva aventura, bien fuera para fotografiar un amanecer en el Lucio del Membrillo, para sobrevolar el cielo de Doñana durante un equinoccio o para viajar con rumbo a una geografía lejana. Compartíamos el nexo de la fotografía, de la naturaleza, de la historia antigua, de la etnografía reciente, de la pesca (aunque a él no le gustaba comer luego el pescado), de cabalgar en la naturaleza y, sobre todo, de la libertad de andar de acá para allá, con poco equipaje. Y con poco equipaje se ha marchado Pepe. Ayer lo vi postrado y tranquilo, rodeado de su familia que lo adoraba. Alguien había dejado caer a sus pies un ramillete de romero cogido del corazón de Doñana. Nada le hubiera gustado más. Viajará ahora con el olor del romero y del almoradú, del salitre y del fresco del amanecer, como único equipaje.


Se nos quedaron por completar muchas aventuras. ¿Qué puedo hacer con los planes que nunca llegamos a cumplir? ¿Dónde los guardo? Hace un momento he recibido un mensaje de Ana Chica, su hija. Ella estaba vaciando el coche de Pepe y encontró los últimos tesoros que él había ido acumulando para cuando yo llegara. Trozos de una naturaleza que juntos comprendimos y que ahora cobran un significado especial. Un maravilloso tesoro.

Gracias por tanto, amigo.


 

viernes, 24 de abril de 2020



Nueva exposición virtual:
The End of the Sky
El Final del Cielo


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viernes, 29 de noviembre de 2019

Black and white or color? / ¿Blanco y negro o color?

Liborio Noval, fotógrafo, en su casa de La Habana, Cuba © Héctor Garrido

Nací como fotógrafo en el blanco y negro. Heredé esa forma de trabajar de mi madre, fotógrafa, junto con sus equipos en desuso. Durante mucho tiempo experimenté con las texturas de los grises, con el granulado de los carretes forzados, con la temperatura del líquido revelador y me extasié bajo la luz roja y la inhalación de los vapores químicos del laboratorio. Pero luego seguí explorando más allá y encontré la magia de un filo dorado en un contraluz, las diferencias de los verdes a través de ligeros cambios de ángulo con respecto al sol y, finalmente, la métrica, la rima y la musicalidad del tono de la piel…y me perdí. Pero siempre sigo tentado por la gama de grises, por la profundidad de los negros y por la infinita elocuencia del blanco puro.
Texto y fotografía: Héctor Garrido. En la fotografía: Liborio Noval, fotógrafo cubano, en su casa de La Habana, Cuba.

I was born as a photographer in black and white. I inherited that way of working from my mother, photographer, along with her disused equipment. For a long time I experimented with the textures of the grays, with the granules of the forced reels, with the temperature of the developer liquid and I was ecstatic under the red light and the inhalation of the chemical vapors of the laboratory. But then I continued exploring further and found the magic of a golden edge in a backlight, the differences of the green ones through slight changes of angle with respect to the sun and, finally, the metric, the rhyme and the musicality of the tone of the skin ... and I got lost. But I am always tempted by the range of grays, the depth of the blacks and the infinite eloquence of pure white.
Text and photography: Héctor Garrido. In the photograph: Liborio Noval, Cuban photographer, at his home in Havana, Cuba.



domingo, 24 de noviembre de 2019

Neon

La Habana, Cuba ©Héctor Garrido
Una sugerencia del paisaje puede estar oculta en cualquier parte, desde una humilde piedrecita a un inmenso paisaje. Así que, es posible, desde luego, localizar ese guiño del paisaje desde un avión y tomar una hermosa fotografía aérea. Pero su hermosura, su interés o su grandeza, si la hay, no debe residir solo en que sea una toma aérea. Eso es sólo la sal de la fotografía. Porque, igual que no podemos comer sal sin más ingredientes, para que una buena fotografía se cocine debe llevar un buen refrito, un generoso cocimiento y una sazón completa, sobre unos ingredientes de primera calidad. El grado de sal… al gusto de cada uno.
Texto y fotografía: Héctor Garrido

A suggestion of the landscape can be hidden anywhere, from a humble stone to an immense landscape. Thus, it is possible, of course, to locate that wink of the landscape from an airplane and take a beautiful aerial photograph. But its beauty, its interest or its greatness, if any, should not reside only in that it is an aerial shot. That is just the salt of the photograph. Because, just as we can not eat salt without more ingredients, for a good picture to cook you must bring a refrito, a cooking and a complete seasoning, on top quality ingredients. The degree of salt ... to everyone's taste.
Photo and text: Héctor Garrido




sábado, 23 de noviembre de 2019

Desires, anhelos

© Aerial photo by Héctor Garrido


To photograph, for me, is to capture with a camera more than what you see with your eyes. It is to make the photographed object contaminate your way of being, thinking and dreaming. Of your desires, your obsessions and your shortcomings. All your mood should be part of the image.
Photo and tex: Héctor Garrido

Fotografiar, para mí, es captar con una cámara más de lo que ves con los ojos. Es hacer que el objeto fotografiado se contamine de tu forma de ser, de pensar y de soñar. De tus anhelos, de tus obsesiones y de tus carencias. Todo tu estado de ánimo debe formar parte de la imagen. Photo Texto y fotografía: Héctor Garrido

miércoles, 20 de noviembre de 2019

Los ojos que habitaba

Colonia de flamenco en el Parque Nacional de Doñana, España. ©Aerial photo by Héctor Garrido


"Y en el fondo de cada uno de esos ojos habitaba yo, es decir, habitaba otro yo, una de las imágenes de mí mismo, y se encontraba con la imagen de ella, la más fiel imagen de ella, en el ultramundo que se abre atravesando la esfera semilíquida del iris, la oscuridad de las pupilas, el palacio de espejos de la retina, en nuestro verdadero elemento que se extiende sin orillas ni confines.”

Italo Calvino, Le Cosmicomiche

Fotografía aérea de Héctor Garrido perteneciente al libro"Fractales, anatomía íntima de la marisma", publicado por Editorial Rueda, Madrid.


"And at the bottom of each one of those eyes I inhabited, that is, I inhabited another self, one of the images of myself, and I found the image of her, the most faithful image of her, in the ultraworld that it opens across the semi-liquid sphere of the iris, the darkness of the pupils, the palace of mirrors of the retina, in our true element that extends without borders or borders. ”

Italo Calvino, Le Cosmicomiche

Aerial photograph by Héctor Garrido belonging to the book "Fractals, intimate anatomy of the marsh", published by Editorial Rueda, Madrid.

Ganancias en aguas revueltas

© Aerial photo by Héctor Garrido

"Ganancias en aguas revueltas". Fotografía aérea de Héctor Garrido. Trabajo perteneciente a la exposición Volaverunt (Galería 100Kubik,, Colonia, Alemania).

"Earnings in rough waters" Aerial photography by Héctor Garrido. Work belonging to the exhibition Volaverunt (Gallery 100Kubik, Köln).

Contraste

© Aerial photo by Héctor Garrido

Fotografía aérea de Héctor Garrido perteneciente al libro"Fractales, anatomía íntima de la marisma", publicado por Editorial Rueda, Madrid.

Aerial photograph by Héctor Garrido belonging to the book "Fractals, intimate anatomy of the marsh", published by Editorial Rueda, Madrid.


La falsa belleza

© Aerial photo by Héctor Garrido

"La enseñanza académica de la belleza es falsa. Se nos ha engañado tanto, que ya no se puede volver a encontrar ni la sombra de una verdad. Las bellezas del Partenón, las Ninfas, los Narcisos, todo eso son mentiras. El arte no es la aplicación de un canon de belleza, sino aquello que el cerebro y el instinto conciben independiente de ese canon".
Pablo Picasso, Gaceta de arte, 1936.
Fotografía aérea de Héctor Garrido perteneciente a su libro “Fractales, anatomía íntima de la marisma”, Editorial Rueda, Madrid.


"The academic teaching of beauty is false. We have been so deceived that we can no longer find the shadow of a truth. The beauties of the Parthenon, the Nymphs, the Daffodils, all that is lies. Art is not it is the application of a beauty canon, but what the brain and instinct conceive independent of that canon. "
Pablo Picasso, Art Gazette, 1936.

Aerial photography by Héctor Garrido belonging to his book “Fractals, intimate anatomy of the marsh”, Editorial Rueda, Madrid.

viernes, 8 de noviembre de 2019

Amor y muerte

© Héctor Garrido

Durante una lucha nupcial, dos gamos han quedado enredados en un alambre de espino abandonado. Tras días de batalla y esfuerzo, han muerto exhaustos. Las plumas esparcidas por el suelo indican que los buitres han comenzado a llegar. Parque Nacional de Doñana, España.

Fotografía y texto: Héctor Garrido

During a bridal fight, two deer have been entangled in an abandoned barbed wire. After days of battle and effort, they have died. The feathers scattered on the ground indicate that the vultures have begun to arrive. Doñana national park, Spain.

Photo and text: Héctor Garrido